Laura confiesa a la reina que ama al Príncipe Eduardo, quien está postrado e inconsciente tras la guerra, y desea casarse con él a pesar de las críticas y el rechazo que enfrenta. Aunque todos la desprecian y dudan de su elección, Laura recuerda que Eduardo fue la única persona que la trató bien en su vida anterior y cree que él es su única opción para decidir su futuro. La reina, tras recibir la petición, decide aceptar la boda incluso con Eduardo aún en coma, dejando el desenlace abierto sobre cómo se desarrollará esta unión improbable.