La Emperatriz ordena que sea el Príncipe Heredero quien acompañe a la Princesa Laura, pero ella insiste en que no lo molesten, por lo que Su Majestad envía a otra persona en su lugar. Durante la llegada a la boda, el acompañante se enfrenta al rechazo del Príncipe Danilo, quien considera humillante que la novia vaya sola. El conflicto escala en una fuerte confrontación entre ellos hasta que llega inesperadamente el Príncipe Eduardo, lo que cambia el ambiente justo cuando la Princesa despierta, dejando abierta la tensión sobre su destino inmediato.