Luisa llega al trabajo y descubre que Pedro la ha reemplazado como directora, convirtiéndose en su nueva jefa sin avisarle. Ella protesta por la firma de un contrato importante hecha sin su consentimiento y acusa a Pedro de tomar decisiones unilaterales sobre un proyecto que lideró durante meses. Pedro responde exigiendo que Luisa no se quite el anillo de compromiso y la amenaza con despedirla si no cumple. Luisa rechaza esta imposición y exige la indemnización prometida, dejando en claro que no renunciará a sus derechos ni a su puesto, mientras Pedro insiste en que ella acepte al bebé y vuelva a casa. La tensión entre ellos crece sin resolución inmediata.