En un acto público Camila, señalada como una vendedora "inútil", es humillada mientras empleados del Grupo Monterío ordenan expulsarla e incluso dan la orden de "romperle las piernas". El Sr. Díaz, gerente de marketing, la reprende y advierte que nadie intervendrá si molesta al Sr. Gómez. Camila afirma que vino a entregar un tesoro familiar al Sr. Gómez y pide palabras a su favor. La situación da un giro cuando un emisario declara: "El Sr. Gómez me mandó para recogerla" y solicita a la señora Sánchez; Camila es conducida y queda pendiente la decisión del Sr. Gómez.