Después de recuperar todas las acciones que su esposo había repartido entre sus hermanos adoptivos, una mujer enfrenta la tensa distribución del poder familiar. Aunque le aseguran que se casará con Alberto tras la graduación, la situación empeora cuando alguien en la casa le da un agua con sabor extraño, señalando un intento de control o castigo. Mientras sus hermanos adoptivos disfrutan privilegios y le piden que se porte bien, ella es confinada a un trastero, negándole el acceso a su propia habitación. El episodio termina con su evidente resistencia, dejando en duda cómo recuperará su lugar en la familia.