Renata anuncia que se casará en tres días, lo que sorprende y genera dudas entre quienes la rodean. La villa familiar fue vendida y el comprador llegará pronto, mientras Renata busca plantar begonias como símbolo de su futuro matrimonio. Sin embargo, algunas personas sospechan que la boda es un engaño para distanciar a Juana, quien adora la villa. La tensión crece cuando se advierte a Renata que no arruine la ceremonia ni interfiera con Juana, y se sugiere negociar con el nuevo dueño. El episodio termina con la incertidumbre sobre la verdadera intención de Renata y si la boda será real.