Valeria y su novio enfrentan la tercera prueba para avanzar hacia la última ceremonia de unión con los espíritus malignos. Tras demostrar control sobre la marca ligada al espíritu, reciben nuevos trajes similares a vestidos nupciales pero con un tono fúnebre. Se les revela que, para completar la unión, deben teñir los trajes con su propia sangre, impregnándolos con su vitalidad como símbolo de devoción. Ante esta impactante condición, Valeria y su novio deben decidir si aceptan esta escalada decisiva para avanzar hacia la ceremonia final, cuyo resultado aún está en suspenso.