La joven señorita Montoya debe casarse con el Regente, tío del Emperador, y futuro madrastra de sus dos hijos. A pesar del acuerdo antiguo y la oposición de algunos, ella se muestra indecisa y tardía para la ceremonia, generando dudas sobre su voluntad. El Regente acepta el matrimonio sin afecto, centrándose en el cuidado de los niños y la administración familiar. Justo cuando llega un edicto imperial que la nombra Consorte Noble y ordena la boda en tres días, el Regente insiste en que pase la noche en su habitación para evitar rumores. La tensión crece mientras ambos enfrentan el inicio forzado de esta nueva relación familiar.