El Sr. Soto exige la sala especial del hospital para sí, ordenando que desalojen al paciente en estado vegetativo que lleva seis años sin visitas. La hija del director se opone, señalando la injusticia y los rumores sobre el origen y la función del hospital, además del interés del Sr. Soto en los órganos del paciente. A pesar de las advertencias, Soto usa su poder para intentar desplazar al paciente. Una caravana bloquea su camino, pero él insiste en seguir adelante, confiado en su influencia. El episodio termina con la tensión en aumento y el destino del paciente en juego.