Lucía regresa y se enfrenta a su familia, que la presiona para que se case con Alejandro Fuentes, un hombre 30 años mayor y recién divorciado. Alejandro, presentado como futuro padrastro, busca formalizar la unión rápidamente. Lucía rechaza la imposición y denuncia que la están tratando como mercancía, mientras se revela que la familia ha recibido dinero a cambio de este matrimonio. Para aumentar la presión, insisten en que pasen la noche juntos para calmarla. El episodio termina con Lucía revelando que está embarazada y reafirma que no se casará, intensificando el conflicto inmediato.