Pablo Huerta descubre que su hija Ana ha sido secuestrada, lo que desata una situación urgente y peligrosa. Mientras tanto, una joven se encuentra atrapada en un lugar remoto, perseguida por traficantes que exigen entregarla. Ella se niega, revela tener un vínculo ancestral y asegura que protegerá a otros con la ayuda de una fuerza misteriosa. La confrontación escala cuando los criminales la atacan, pero ella se defiende declarando que su misión es acabar con sus carreras delictivas. El episodio termina con la amenaza intacta y la joven afirmando ser la diosa de la moral, dejando en el aire el desenlace del conflicto.