La señorita Santos recibe la confirmación de que se han transferido cien millones para financiar un laboratorio médico, aunque aún faltan cincuenta millones más. Mientras organiza esta inversión, un chofer contratado por su padre aparece para llevarla de regreso a casa, revelando que hay asuntos pendientes por resolver con él, a pesar de que ella fue expulsada hace cinco años. Paralelamente, Ana enfrenta el rechazo social y la soledad por no tener madre. El episodio termina con la incertidumbre sobre las intenciones del padre y el destino inmediato que espera a Santos al volver a casa.