Una niña irrumpe en la oficina de la subdirectora del hospital, suplicando ayuda para su madre enferma de leucemia. La subdirectora la despide con desprecio, alegando que solo atienden a pacientes ricos y que la familia de la niña no tiene dinero ni influencia. Mientras la mujer humilla a la niña, el director Mendoza aparece, alertado por los ruidos, y muestra preocupación por la situación. La tensión aumenta cuando alguien menciona que el director parece exhausto, y justo en ese momento sucede algo inesperado que altera el ambiente. La escena termina con un giro que deja en suspenso la respuesta del director y el destino de la familia.