El comandante regresa a casa con la intención de compartir una comida con Ana y su hijo José, aprovechando que hace tiempo no están juntos. Sin embargo, nota que Ana ha perdido su identidad por amarlo demasiado y que su hogar está roto, con huellas de él pero sin pertenencia real. Tras informar a Ana sobre el registro para un examen importante que marcará un año de cambios para ella, la tensión crece cuando Ana expresa el rechazo absoluto hacia todo lo relacionado con él. El episodio concluye con una fractura emocional que amenaza la convivencia familiar.