Javier regresa tras diez años en prisión, pero su padre lo recibe con dureza y ordena castigarlo con un látigo para corregir las supuestas malas influencias que adquirió en la cárcel. La madre intenta mediar, atribuyéndose la culpa por el pasado de Javier y rogando por su protección, pero el padre insiste en imponer disciplina severa para mantener el orden familiar. Javier se resiste y provoca el enojo de su padre, quien comienza a golpearlo mientras la familia queda atrapada en un tenso conflicto sin resolución, enfrentando la posible ruptura definitiva de sus lazos.