En la corte, la duquesa de Alba enfrenta una acusación de una mujer llamada Amalia, quien reclama maltrato y trato injusto por parte de Regina, la nuera. Durante el juicio, Amalia presenta pruebas para respaldar sus quejas, pero la duquesa y el juez desestiman la acusación, alegando que Amalia ha usurpado vestimenta ceremonial y ha difamado a la nobleza. Como consecuencia, Amalia es condenada a cincuenta latigazos, marcando un punto de inflexión. Al final, la duquesa advierte que el regreso de Ignacio podría complicar aún más la situación y afectar la estabilidad del matrimonio.