En la ceremonia de bonificaciones del Grupo Rivera, Ignacio —un vendedor que se presenta como heredero abandonado— es humillado: mientras directivos y el supuesto heredero reciben grandes incentivos, su bono es de solo $50 y lo descalifican por falta de estudios. Tras la reprimenda, Ignacio acepta la oferta de la Sra. Suárez, pero impone una condición radical: quiere ver al Grupo Rivera en la quiebra. Suárez le exige resultados inmediatos o buscará otra empresa. Ignacio pide 30 minutos y promete demostrar cómo caerá la compañía, dejando la amenaza abierta.