En pleno día un grupo confronta a Nacho, el gerente Rivera: lo acusan de obtener contratos prostituyéndose y lo exponen desnudo. Le recuerdan que, por llevar el apellido Rivera, no haga quedar mal a la familia y amenazan con entregarlo a la policía si encuentran pruebas. Nacho finge asfixia para evitar que lo registren; quienes lo rodean denuncian su teatro y ordenan desnudarlo por completo. La escena escala entre humillación pública y búsqueda de evidencias. Queda pendiente si al registrar su cuerpo hallarán pruebas suficientes para justificar la denuncia y la expulsión inmediata.