Nuria, una mujer diagnosticada como paciente psiquiátrica, enfrenta la presión de ser obediente y sumisa para mantener su lugar en la familia. Le exigen ceder su cuarto a Eva, para quien fue diseñado, y la mueven a un cuarto de trastos. Rubén, otro integrante familiar, cuestiona esta situación y permite que Nuria duerma allí para probar si puede fingir su enfermedad. Mientras lucha contra el aislamiento y las dudas sobre su salud mental, Nuria mantiene su dignidad y desafía las expectativas. El episodio termina con la incertidumbre sobre cuánto tiempo podrá sostener esta situación sin romperse.