Diana enfrenta la amenaza inmediata de perder la casa que le pertenece, pues un hombre en la escena, respaldado por el alcalde, intenta forzar a firmar un contrato injusto para arrebatársela. A pesar de resistir y mantener que nadie puede quitarle su propiedad mientras ella viva, sus pertenencias son sacadas y la casa ocupada. Otro hombre se culpa por no protegerla y teme qué pasará cuando Diana regrese. La situación escala cuando alguien ordena que Diana sea expulsada, pero otro interveniene para detener el desalojo, dejando el conflicto bélico y su desenlace en suspenso.