La princesa Orquídea logra que se efectivice su solicitud de divorcio, retirando a los hombres implicados el derecho a los activos familiares. Todos los bienes y fondos, incluidos ahorros y futuros salarios militares, se transfieren forzosamente a ella como indemnización por supuestas faltas graves y deslealtad. Los exesposos protestan con enojo por quedar sin sus ingresos y patrimonio, mientras Orquídea reafirma su autoridad y controla incluso un valioso objeto regalado por Vulcano. La batalla por el control económico y el poder queda abierta, dejando a sus antiguos aliados enfrentados con una decisión irreversible y sin salida evidente.