Aurora Solis informa a su padre que ha conseguido los derechos de desarrollo para el antiguo distrito comercial, pero teme que la Hermandad del Puerto, que domina la zona, obstaculice el proyecto. Ordena a su padre coordinar una redada policial en tres días para desalojar a la Hermandad, comenzando por un local específico. Sin embargo, el padre insiste en preparar armas para la defensa, a lo que Aurora responde que solo deben usar contratos y negociaciones, no violencia. Finalmente, el líder de la Hermandad convoca a sus miembros para dejar atrás los enfrentamientos y centrarse en los negocios, marcando un giro crucial que deja en suspenso cómo afectará esta transición al desarrollo.