Bruno exige a su expareja una compensación económica por todos los gastos que él acredita haber realizado durante su relación, incluyendo bolsos, ropa y otros artículos. La mujer se muestra sorprendida pero finalmente acepta pagarle diez cristales titánicos, una suma considerable en su mundo. La discusión revela la tensión sobre el valor de lo invertido y la ruptura. Después, el responsable de la academia les informa que Bruno debe devolver las becas recibidas y que su estancia allí ha terminado. Bruno desafía la autoridad y advierte que su despertar cambiará las cosas, dejando la confrontación abierta.