En este episodio, una mujer llega al calabozo donde Enzo está atrapado bajo una maldición de silencio que le impide pedir ayuda. A pesar de la advertencia de Don Aurelio sobre sus posibles malas intenciones, ella insiste en curarlo y hace un juramento solemne para garantizar que ningún daño caerá sobre Enzo por su intervención. Mientras enfrenta la desconfianza y la oposición, su determinación marca un punto decisivo que podría cambiar el destino de Enzo, dejando en suspenso si logrará romper la maldición sin consecuencias negativas.