Isabella, sorprendida y desorientada, rechaza firmar un contrato de divorcio que le entrega su esposo, el Sr. Serrano. Confundida, declara ser la princesa del País Solaria, lo que nadie en la casa acepta. Sus parientes insisten en que está sufriendo un trauma nervioso y la presionan a ir al médico y aceptar el divorcio. Isabella encuentra objetos extraños que no comprende y se rebela contra quienes intentan controlarla, afirmando que ella es la dueña de la mansión. El episodio termina con su determinación de no doblegarse, mientras la presión para que firme sigue aumentando.