En la sala de urgencias, una persona limpia una herida mientras el Dr. Gómez realiza una sutura vertical tipo colchón en la frente. Aplican solución salina y povidona, confirman que no hay cuero cabelludo expuesto ni fractura, y la técnica exige entradas dobles y control preciso del tiempo; sorprenden por la rapidez y por la ausencia de bultos o marca tras la sutura. Celebran la eficacia y la promesa de mínima cicatriz, pero la escena se corta cuando alguien exige: '¿Dónde está la herida? ¿Quién les dio permiso de suturar?'. La acusación queda en el aire.