Jimena enfrenta la presión de sus padres adoptivos, los Esquivel, para que done sangre a su hermana Romina, quien depende de múltiples transfusiones debido a su fragilidad. Aunque Jimena recibió lujos y educación, se siente atrapada y usada como un banco de sangre. En medio de su cumpleaños, solo Santiago la trata bien, pero él le confiesa que su relación solo busca asegurar que siga donando sangre para Romina. Jimena comienza a darse cuenta de la manipulación emocional y la explotación detrás de su rol familiar.