Romi se prepara para dejar el hospital después de múltiples transfusiones, pero sigue débil y pálida. Jimena, preocupada por su salud, la regaña por ausentarse sin avisar y teme por el bienestar de Romi si algo le sucede. Santi intenta mediar y animar el momento, pero Jimena revela un resentimiento oculto, negándose a darle un regalo a Romi. La tensión crece cuando su padre interviene, tratando de calmar a Jimena, quien menciona que solo su hermana puede otorgarle un regalo especial, dejando en suspenso qué será ese presente y cómo afectará su relación.