Marta acepta ofrecer tres años de vida de su hermano Carlos para sanar la fractura de Pablo, a quien considera como un hermano de sangre. Carlos es acusado de causar la lesión por celos y envidia hacia Pablo, pero él niega rotundamente las acusaciones, insistiendo en que no fue responsable. Mientras todos dudan de su palabra, la tensión crece entre los personajes, especialmente entre Carlos y Susana, su prometida. El conflicto se centra en la desconfianza y las heridas emocionales que agravan la situación. El episodio termina con Carlos enfrentando el castigo que simbolizan esos tres años de vida cedidos.