Cami enfrenta la desilusión con Rafael, quien no se preocupa por ella y posiblemente la culpa por sus decisiones recientes. Mientras cenan con Lucas y Mateo, planean aprovechar la apertura económica para mejorar sus vidas y salvar el restaurante de Paloma, que está al borde del cierre. Cami revela que en su vida pasada dependió económicamente de Rafael, lo que causó problemas financieros para su hermano. Decidida a cambiar su destino, confiesa a Lucas que quiere divorciarse, marcando un giro decisivo en sus relaciones y en su futuro inmediato.