Mateo irrumpe en la arena del Coliseo, decidido a pelear por Auria a pesar de las advertencias que le recuerdan que invocar a un dios fuera del Panteón es imposible y suicida. Contrariando las expectativas, logra conectar con un dios, sorprendiendo a todos los presentes. Decide invocar a la Diosa de la Noche y solicita cambiar el campo de batalla al Palacio Lunar, aumentando el poder de su dios. Su audaz elección desafía las creencias locales sobre la diosa y el terreno, dejando abierta la incertidumbre sobre el resultado de esta confrontación celestial.