Mateo invoca un palacio celestial habitado por múltiples dioses, despertando escepticismo y la ira de un dios de la guerra que desciende para confrontarlo. En lugar de un dios imponente, se presenta un espíritu en forma de perro negro, llamado Dios Devorador de Soles, que desafía a una serpiente legendaria de ocho cabezas enviada para destruir a los Aurianos. El perro derrota fácilmente a la serpiente, revelando una divinidad inesperadamente fuerte. Impresionado, el dios de la guerra decide tomar al perro como su nueva mascota de guerra, dejando abierta la disputa entre los dioses y sus aliados.