Un nuevo guardia nocturno descubre que la señal y las cámaras del museo han sido saboteadas. Encuentra el diario del guardia anterior, donde este relata cómo las piezas cambiaban de postura cada noche y cómo, tras ser obligado por la Srta. Durán a restaurar un espejo de bronce roto, las reliquias reaccionaron violentamente. El diario culmina con el guardia transformándose en porcelana, lo que explicaría los añicos blancos hallados. El protagonista, que también tocó ese espejo, se pregunta por qué él está a salvo, justo antes de escuchar un sonido sospechoso en la oscuridad.