Ana llega inesperadamente a la casa de Héctor y sus hijos, donde es bienvenida con cierta reserva. Mientras Ana recibe cuidados como masajes y atención, se revela la tensión con Lucía, la mujer presente en la casa, quien no está complacida con la estancia de Ana. Héctor intenta calmar la situación asegurando que Lucía eventualmente pedirá perdón, pero la confrontación escala cuando Ana, sintiéndose no bienvenida, decide irse. Sin embargo, Héctor defiende a Ana y señala que quien debería irse es Lucía, dejando abierto el conflicto doméstico inmediato.