Gabriel Silva enfrenta su tercer intento para alcanzar el título de Inmortal Puro, arriesgándose a una deuda impagable de 730 millones de éteres en caso de fracaso. A pesar de las advertencias sobre la usura del préstamo, Gabriel insiste, revelando su decisión de reencarnarse para evitar convertirse en un Esclavo Eterno. Tras renacer en un mundo terrenal con recursos limitados, lucha por adaptarse y recuperarse, mientras enfrenta la preocupación de Ana Oliveira, quien se presenta como su esposa y le reprocha su ausencia y comportamiento errático. La tensión crece al quedar Gabriel atrapado entre su destino y sus nuevas responsabilidades.