Gabriel descubre que su nueva esposa, Ana Oliveira, es muda y se comunica por lenguaje de señas. Durante la comida, él intenta que participe y comer juntos, pero Ana se limita a verduras y parece distante. Gabriel se preocupa por su bienestar, insistiendo en que coma más y valorando su presencia a pesar de la aparente frialdad. Mientras lidian con la barrera de comunicación, Gabriel decide aprovechar la vida junto a ella y aprovecha para salir al casino, dejando abierta la incógnita sobre cómo evolucionará su relación en medio de estas diferencias.