Esteban llega al pueblo con unos camarones de río poco apreciados. Sra. Santos exige los 1,5 que Hugo tomó para pagar los gastos médicos de la esposa y la hija de Esteban, hospitalizadas. Para evitar perder su terreno, Esteban propone una apuesta: si vende los camarones, Hugo podrá trabajar con él y le regalarán los ejemplares; si fracasa, ella se queda con su casa. Esteban recoge rápido un balde lleno y apunta al restaurante Folgora, donde el jefe Luis vendió camarones antes. El episodio cierra con Esteban frente a Folgora, a punto de intentar venderlos.