Ante la hambruna la familia descubre víveres que los padres habían ocultado como dote para Catalina. Javier ordena usarlos y prepara una sopa para salvarlos. Al servir, las cuñadas se quedan apartadas por costumbres que prohíben que las mujeres se sienten a la mesa. Javier las desafía: en esta casa ya no importará el sexo, comerán y compartirán todo. Algunos defienden las reglas de los ancestros; otros buscan recuperar la personalidad del Javier original para cambiar mentes. El episodio concluye con Javier llamándolas a comer, pendiente si la casa aceptará romper la tradición.