En una reunión familiar, Javi irrumpe devolviendo un golpe al señor Morales, declarando que pagará a la familia por haberle dado y criado la vida. La familia se indigna y exige que se arrodille y pida perdón, recordándole su condena de diez años. Javi denuncia que fue secuestrado, criado en orfanato y forzado a asumir un delito que lo llevó a prisión, y afirma que aprendió a no dejarse pisotear. La discusión escala entre reproches y excusas por la salud de Diego. Javi desafía a que lo agredan o lo maten; su decisión sobre cómo responder queda abierta.