Emi se enfrenta a un hombre cuyas feromonas la desorientan: se siente mal y le pide que no se acerque si no trae supresor; él amenaza con comprarlo si hace falta. Él aclara que la solicitud de emparejamiento fue un malentendido, pero revela que su compatibilidad genética es del cien por ciento. Le pregunta si odia el olor; ella admite que no, que le gusta. Él confiesa que también la quiere y le pide ayuda para pasar esta época de celo. El episodio termina con Emi obligada a decidir si lo ayuda o lo rechaza.