Emilia llega a la Universidad Imperial para registrarse y descubre un error en su estado civil, pero decide centrarse en lo urgente: cortar lazos con la familia Suárez pagando lo que gastaron en su crianza. Para conseguir el dinero inicia la subasta de sus diseños de mechas y confirma la venta. La acción transforma su plan privado en noticia; compañeros la señalan como hija adoptiva y rumorean que recurrió al emparejamiento genético y hasta se casó, dejándola humillada. Tras el registro, alguien la aborda: "Emi... ¿Viniste sola a registrarte?", y su futuro inmediato queda en vilo.