Inés llega a las tierras salvajes tras casarse con Rodrigo, un hombre rústico y poco atractivo que cría ganado. Aunque la comunidad es simple y sin lujos, sus habitantes aseguran protegerla de injusticias, advirtiendo que castigarán a Rodrigo si se excede con ella. Inés enfrenta el choque cultural entre su mundo y el del Reino Este, donde no hay machismo ni clases sociales. Al compartir momentos cotidianos, como usar una pintura como mantel, Inés comienza a adaptarse, pero queda en suspenso si logrará encontrar su lugar en esta nueva familia y entorno agreste.