Inés descubre que una antigua pintura, valorada por su padre al punto de ofrecer tres ciudades por ella, es ahora tratada con indiferencia como si fuera leña. Mientras discuten sobre la valía del jade, un hombre explica que en su reino pequeñas piezas pueden comprar ciudades, revelando un malentendido sobre su verdadero valor. Ofrece llevarla a las montañas cercanas, prometiendo aún más tesoros. La escena cierra con la revelación inesperada de que esos montes contienen oro, dejando en suspenso la oportunidad que este descubrimiento puede representar para Inés y su entorno.