Inés recibe la responsabilidad de cuidar las abundantes tierras y ganado del clan en las Tierras Salvajes, donde la realidad desmiente el mito de que solo comen corteza. Se le entrega un gran rebaño de vacas, ovejas, caballos y mulas, y se le asigna a un joven para encargarse del trabajo físico mientras ella gestiona las ganancias. Además, surge la tensión por no haberle revelado aún que el joven es el rey, algo que preocupa a quienes los rodean. El episodio termina con la entrega de un ungüento íntimo, sugiriendo que Inés debe prepararse para su noche de bodas, marcando un giro decisivo en la trama.