En una reunión se anuncia que varias propiedades en zonas privilegiadas fueron entregadas como regalo; Samuel confirma que provienen de su bisabuela y el grupo celebra. Aparece Adrián, presentado como el toque dorado de los edificios, y se revela que controla el 70% de las propiedades de Grania. La escala del regalo y la llegada del magnate elevan las expectativas del grupo y reorientan su poder económico inmediato. El giro clave es la conexión entre la donación familiar y la influencia de Adrián; queda por decidir cómo usar estos bienes y qué implicará su presencia.