Cuando varios cobradores irrumpen en la tiendita de Diego exigiendo treinta mil dólares en efectivo y amenazan con demoler el local, la situación escala: el jefe León duplica intereses y ordena cumplimiento inmediato. Diego ofrece un lingote de oro para saldar la deuda. León lo inspecciona y exige romper el pagaré anterior y redactar uno nuevo que diga que la deuda, capital e intereses, asciende a 30,000 y quedó saldada con el lingote; aclara que el efectivo irá al patrón y que cualquier sobrante al convertir el oro sería suyo. Queda pendiente la firma y el sellado del nuevo acuerdo.