Elías se prepara para pedir la mano de Beatriz, asumiendo la responsabilidad de los preparativos tras un descuido previo. Aunque aún no tiene permiso de su padre, los regalos lujosos del príncipe heredero para la boda generan envidia en quienes lo rodean. Beatriz recibe con calma los obsequios que Elías había destinado para ella, sin mostrar enojo. El emperador ordena que la ceremonia y la despedida se realicen al día siguiente en el palacio. Al final, Elías advierte que a partir de ahora todo lo que sea de Beatriz también será suyo, marcando una nueva etapa antes del matrimonio inminente.