En Puerto Azul, dominado por tres ligas criminales, Pablo recuerda que su familia fue destruida y entrenó cinco años en artes marciales para erradicar el crimen. Las bandas obligan a una mujer a trabajar en un club y castigan a quien llamó a la policía. Un mentor le ofrece infiltrarse en la Hermandad de los Dragones aprovechando la enfermedad terminal de su líder, Esteban Quiroga, y le dicta reglas claras. Pablo acepta; luego circula un rumor sobre la muerte horrible de Esteban y llega la Sra. de Quiroga, creando un vacío de poder.
En el funeral de don Esteban, una mujer revela que no murió por enfermedad sino que fue asesinado en los Baños Estrella Roja; también murieron el jefe de la Hermandad de la Honradez y cuatro jefes más. El asesino huyó antes de la llegada de nuestros hombres. La revelación divide a la asamblea: unos exigen reunir fuerzas y destruir a la Liga del Agua Negra en venganza, otros piden investigar sin acusar injustamente. La tensión escala con cánticos de venganza; queda pendiente si prevalecerá la represalia inmediata o la búsqueda de la verdad, mientras alguien declara: '¡Siento peligro!'
En la sede, la señora de Quiroga examina a un nuevo integrante y asciende a Pablo Lima, matón de la octava generación, a jefe de los matones. Poco después, un hombre irrumpe furioso, acusa a alguien de causar problemas en la sede y exige saber '¿Qué maldito te mandó?'. El acusado calla y los presentes ordenan '¡Llévenselo!'. Mientras lo sacan, alguien apunta: 'A tres kilómetros ya se sentía este hedor'. Queda abierto quién envió la provocación y cuál es la causa de ese olor que amenaza la calma de la sede.
En la sede de los Dragones, Víctor —jefe de la Hermandad del Leopardo del Agua Negra— irrumpe durante el funeral tras el intento de asesinato contra la señora de Quiroga. Ella lo acusa de enviar al atacante; Víctor lo niega y se generan insultos. El patrón Olmedo ordena ejecutar al hombre capturado para honrar a don Esteban y manda a León a hacerlo. Un asistente cuestiona la orden y sugiere que el agresor podría pertenecer a la liga de Víctor. La ejecución queda en suspenso mientras la acusación amenaza con provocar un conflicto inmediato.
En la sede de los Dragones, la Sra. de Quiroga enfrenta a un hombre que irrumpió en el funeral, armó un escándalo e intentó asesinarla. Víctor pide dejarlo ir, pero la Sra. amenaza con una guerra entre ligas si no se lo castiga. Para evitar el choque, Víctor propone un combate: si alguien derrota a su amigo, él perdonará al agresor y pagará 20 millones y una disculpa pública; si su amigo gana, se llevará al detenido y la Sra. deberá quedarse con él esa noche. La escena queda en vilo a la espera del combate.
En un encuentro tenso, un hombre provoca a los miembros de la liga "Dragones" presentando a su amigo, el asesino conocido como el Carnicero Sangriento, como apuesta para medir valentía. Víctor es reprendido y Elvira presencia la escena. Al principio nadie se atreve a enfrentarlo; los provocadores ridiculizan a los Dragones y lanzan amenazas directas. La situación escala cuando varios presentes exigen duelos y la Sra. de Quiroga acepta la apuesta. La confrontación queda pactada, pero aún está por decidir quién combatirá primero y qué consecuencias traerá.
En un combate decidido por un pacto de vida o muerte, Dari, presentado como uno de los mejores luchadores, entra al ring mientras el público debate si ganará. Su rival, identificado como el tercero de la Lista de Mejores Asesinos, desprecia a los asistentes y domina la pelea, cambiando la ventaja. Tras un intercambio celebrado por la audiencia, Dari queda derribado; la gente lo llama y lo insta a levantarse. Un observador afirma 'tenías razón'. El giro es la derrota inesperada de Dari; su vida queda en manos del próximo movimiento: ¿se levantará a tiempo?
En el ruedo, tras la muerte de Darío, la multitud acusa a Leo/León de homicidio y reclama cumplir el pacto de vida o muerte que firmaron. La Sra. de Quiroga y miembros de la liga exigen vengar a Darío; unos apelan al honor, otros dejan que el destino decida. Anuncian la segunda ronda: le toca a León y la turba clama ¡mátalo! León entra a pelear mientras lo animan y recuerdan la apuesta. El episodio culmina con Leo/León enfrentando la orden de matar o ser ejecutado; su próxima reacción decidirá el inmediato desenlace.
En la escena, un grupo exige enfrentar a un extraño que llega acompañado; surge la disputa al descubrir que un hombre lleva un chaleco antibalas y lo llaman 'hacer trampa'. Varios hombres retan a 'Gordo' para comprobar si sus puños pueden con el chaleco. Tras un intercambio violento, con gritos de advertencia y llamados a Leo, la pelea se interrumpe inesperadamente: alguien grita 'Me rindo' y Leo queda señalado por haberse rendido. La rendición repentina conmociona al grupo y deja abierto qué harán ahora con el extraño y con Leo.
En un duelo entre grupos, Víctor ya ganó dos rondas contra miembros de la Liga de los Dragones. Un rival reclama que solo perdió ante él y se acuerda una última ronda: si vuelven a perder, ese bando gana el desafío. El convocante pide más caballeros que enfrenten a su amigo, pero nadie se ofrece al principio. Finalmente alguien de la liga acepta intentarlo. La escena queda en la tercera y decisiva confrontación pendiente; el resultado inmediato de ese combate determinará quién se lleva el desafío.