En la mañana tras la boda, María aparece sola y ebria mientras otras mujeres la interrogan sobre la ausencia de Andrés y del cuñado, y la ridiculizan por quedarse despierta junto a la vela nupcial. Se le dice que el primer ministro solo rinde cuentas al emperador y que, como sirvienta, no merece lamentar a la madre. El conflicto escala con chismes sobre Don Carlos y la supuesta falta de aprecio de Andrés; le recuerdan que su dote y lágrimas hicieron posible el ascenso de Andrés, dejándola frente a una decisión inmediata sobre su matrimonio.