En casa, Lucía entrega dinero a su madre para el tratamiento del padre enfermo; la madre la acusa de robar, pero Lucía explica que juntó y vendió botellas en los pasillos. Tras la confesión, la madre se arrepiente y pide perdón; acuerdan unirse para ayudar al padre. Poco después la madre atiende una llamada y, ante el cobrador del mercado, le pide al Sr. Armando unos días más para pagar la cuota. El giro revela la iniciativa de Lucía y alivia la desconfianza, pero queda la duda sobre si la extensión será suficiente para costear el tratamiento.